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El disco de John Phillips con los Stones
El papa ha muerto, viva el papa

 

Diario Página 12
27-05-2001
Suplemento RADAR
Por Pablo Plotkin

En 1973, John Phillps vivía con Keith Richards y acababa de dejar The Mamas & The Papas cuando Mick Jagger le ofreció producirle un disco. Entraron al estudio pero la cosa se dilató. Las cintas se perdieron en un transatlántico y dieron durante meses la vuelta al mundo. Phillips fue preso, intentó resucitar en Broadway, deambuló durante tres décadas como el espectro del verano del amor y finalmente murió en marzo de este año. Involuntariamente póstumo, acaba de editarse Pay Pack & Dollow, aquellas célebres grabaciones de Papa John con sus amigos Stones.

 

La caligrafía parece demasiado perfecta para ser original, pero en esa carta -rotulada en el hotel Plaza de Nueva York, escrita en algún momento de los 90-, John Phillips, el fundador y compositor principal de The Mamas & The Papas, le cuenta a un tal Fran la historia de las grabaciones de Pay Pack & Follow. En 1973, Phillips estaba en Londres trabajando sobre la música de The Man Who Fell on Earth (la versión cinematográfica de la novela de Walter Tevis, protagonizada por David Bowie) y se había instalado en una casa de Glebe Place que compartía con su amigote Keith Richards. Alejado de la somnolienta California, John pasaba las horas drogándose, componiendo canciones y asistiendo a acontecimientos sociales como el Campeonato Mundial de Cricket que se disputaba a 60 kilómetros de la capital inglesa.

Mick Jagger había ido con él al torneo, y fue el Gran Bocón el que, de regreso al hotel, mientras Phillips tocaba sus canciones con una guitarra acústica, le sugirió grabarlas. "OK. Yo las grabo si vos las producís", le propuso John. Sí, claro...

Diez días después sonó el teléfono de la casa de Phillips. Era Jagger: "Reservé un estudio y contraté a los músicos. Empezamos el jueves a las 8 de la noche".

El camino a que esas canciones llegaran a formato cd de distribución internacional no fue sencillo, y de hecho hubo que esperar a que el corazón de John Phillips se detuviera, el 18 de marzo pasado. En primer lugar, la grabación se interrumpió y reinició durante unos seis años, entre estudios de Londres y Nueva York (siempre con los buenos muchachos Stones participando del asunto, e incluyendo colaboraciones de ilustres como Paul Shafter, el tecladista del programa televisivo de David Letterman). A fines de los 70, Phillips abordó el transatlántico Queen Elizabeth II en la costa este norteamericana y desembarcó en Inglaterra. Dios sabe qué droga había tomado, pero se olvidó las cintas a bordo. Fueron dos años de búsqueda, respuestas exasperantemente burocráticas, trastornos y por último resignación. Hasta que un día lo llamaron preguntándole si era el John Phillips propietario de esos siete carretes de audio que venían dando vueltas al mundo durante meses. "jSí, sí, ése soy yo!", habrá dicho Papa John temblando de heroína.

Tiempo después las grabaciones volvieron a perderse. No se sabe muy bien cómo o porqué, pero reaparecieron meses más tarde bajo "una pila de basura, neumáticos y viejas herramientas de granja" en el granero de Redlands, la casa de Keith Richards en la campiña inglesa.

 

LOS ANGELES DE JOHN

Para el cerebro de The Mamas & The Papas (tal vez la síntesis musical de lo que pasó a la historia como "la California de los 60"), fueron décadas de dispersión y recelo por no haber trascendido como el Mr. Sixties que le habría gustado ser y quedar reducido a la memoria de un puñado de ex hippies desplumados y conversos que todavía silbaban sus canciones.

Había nacido en 1935 en Parris Island, Carolina del Sur, y luego de un intento fugaz por parte de su padre marino de darle instrucción militar, los Phillips se mudaron a Nueva York en 1957, John conoció a Dick Weissman y Scott McKenzie, con los que formaría The Journeymen, un trío folk al que le iría basante bien como banda-decorado en los cafés de Greenwich Village. En ese tiempo conoció a Susan, la madre de sus dos primeros hijos: Jeffrey y McKenzie (quien de adolescente sería compañera de viajes alucinógenos de Papá John y se aventuraría como vocalista de una dudosa regeneración de los Mamas). En uno de esos bares del Village, Phillips conoció a Michelle Gilliam, una modelo de 17 por la que mandó todo al carajo: dejó a su familia, se preguntó qué hacía jugando al cowboy subterráneo y, un año más tarde, se topó con el cantante Denny Doherty y su amiga Cass Elliot, un típico caso de gorda marginal y talentosa de la juventud estadounidense. Juntos fundaron The Mamas & The Papas, hicieron las valijas y se mudaron a Los Angeles. Casi puede escucharse el arranque triunfal de "California Dreamin", su primer e insuperable hit, y acaso la canción definitiva del pop norteamericano de la segunda parte de los 60. Una reducción magistral de vibración soul, inteligencia pop y percepción psicodélica para englobar una letra tan pequeña como vivaz; una síntesis de la idea armónica y vocal que llevó a los Mamas a ser el soundtrack para las masas del flower power.

En esos años (los años a los que se refiere la cultura pop cuando habla de "Los 60", los años 66 y 67), Phillips fue una modesta maquinita de hits. Además de "California Dreamin", If you can believe your eyes and cars incluía "Monday Monday", "Got a feelin", "Go where you wanna go". El debut se mantuvo en los charts durante más tiempo que cualquier disco de los Beatles, excepto Sgt. Pepper´s. A su vez, John coescribía el sarcástico clásico de época "San Francisco (be sure to wear some flowers in your hair)" ("asegurate de usar unas flores en el pelo"), interpretado por su compañero de joda Scott McKenzie. Así es que Papa John, Denny, la gorda Cass y la pequeña Michelle (casi una estampita de la belleza rubia californiana de entonces) ya eran algo así como estrellas hippies cuando grabaron The Mamas & Papas Deliver (1967) y el levemente ignorado The Papas & The Mamas (1968), el manotazo final de un cuarteto que se despeñaba junto con los escombros del verano del amor, que a esa altura empezaba a parecerse a un viejo sueño gracioso. Las cosas terminaron de pudrirse cuando afloraron las infidelidades y los triángulos (y algún que otro rectángulo) amorosos entre los miembros del grupo. En 1971, cuando se reunieron y editaron el compromiso contractual titulado People Like Us (1971), John Phillips ya había grabado su primer álbum solista, The Wolfking of LA. Fue entonces cuando viajó al Reino Unido y empezó la historia de Pay Pack & Follow.

 

DULCES SUEÑOS

Dos meses atrás, Phillips murió al cabo de lustros de atracones químicos, un transplante de hígado (1992) y afecciones cardíacas. Así que el álbum que había viajado por el mundo a bordo de un transatlántico resultó póstumo, al menos para el gran público. Producido originalmente por Jagger y Richards, Pay... es más una pequeña rueda de canciones clásicas que un ejercicio de nostalgia moquienta, con el inoxidable rock & roll en el centro de la escena. El folk/country de "Sunset Boulevard" (una hermosa y extraña canción de amor que mezcla a los cowboys, las chicas de Shangai y "la guarida del Che Guevara"), el blues blanco de estilo stone ("She's just 14", una de las cuatro que canta con Jagger), y la voz de Phillips -no del todo memorable, pero sí lo bastante dulce y conmovedoramente frágil- contando historias y paisajes que ya en los 70 debían sonar a melancolía. El final se reserva pretensiones editoriales proféticas: el último tema se titula "2001", el año de la muerte del artista y del (re)nacimiento del disco. "Faltan sólo 24 años para el año 2000", canta John. "Y tal vez todo sea tan diferente entonces". Nos gustaría convertirla en nuestra canción favorita de la semana, pero suena a versión anoréxica de un tema oculto de los Rolling Stones. No soportó el paso del tiempo.

En las fotos publicadas en el librito del disco -tomadas en los 70, durante la grabación-. a John Phillips se lo ve alarmantemente flaco, derrotado y con rasgos de vejez prematura. En sus apariciones públicas de las últimas dos décadas (cuando fue encerrado por tráfico de drogas en 1981, pero sobre todo más tarde, al presentar su autobiografía, o en sus intentos fallidos por trascender como compositor musical de Broadway), Phillips parecía una especie de vendedor de autos usados con su bigote teñido de rubio, los lentes ahumados y el cigarro apretado entre la sonrisa. Como si el hecho de haber sobrevivido a su década le molestara a alguien o a algo. Como si algún agente del éxito le tocara el hombro para recordarle que su cuarto de hora ya había pasado. Por eso Pay Pack & Follow provoca una agradable sensación redentora.

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