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La legendaria banda británica en Buenos Aires
Los Stones hicieron vibrar a River
Ante 60.000 personas y con una imponente puesta en escena, el grupo comenzó anoche su serie de recitales porteños.
Diario La Nación
30-03-1998
Información General
Por Lorena García

Otra vez aquí, la banda de rock más grande del mundo. Ayer, cinco minutos después de las 22, los Rolling Stones volvieron a apoderarse del estadio de River para descargar un set de canciones de alto voltaje rockero. Se sabe, ellos son los maestros, los grandes señores del rock, que volverán esta noche, a la misma hora y al mismo escenario, seguramente frente a otra multitud.

El público se preparaba para arder desde un buen rato antes. La banda inglesa tiene un lugar de honor en el corazón de los argentinos, y los cinco shows de 1995 lo demostraron. Aquí están de vuelta, para demostrar que la fidelidad stone se mantiene intacta. Que para muchos esto ha excedido el simple gusto musical para hacerse marca, señal y forma de vida. Apenas unos acordes alcanzaron para que la cancha estalle. El escenario estaba tapado por una tela. De pronto, se apagaron las luces del estadio, la tela se corrió y apareció una pantalla circular, que explotó mientras sonaba una música instrumental. En ese momento, los cuatro Stones entraron a escena, y el comienzo fue nada menos que con "(I Can Get No) Satisfaction", un himno que viene acompañando hace treinta años la vida de quienes crecieron con el rock and roll.

Es impactante, desde el vamos, lo imponente de la puesta en escena. Un puente levadizo que promete tener a los músicos cerca, más avanzado el show; un escenario que brilla en dorado, escoltado por estatuas gigantes que le otorgan un aire de templo místico, y una pantalla circular desde donde se los ve, al detalle, a los músicos tocando sus instrumentos y a Jagger, incansable, cantar y moverse provocativamente. Torbellino de rock.

Los Rolling Stones son aquí un fenómeno, se sabe. Pero vuelve a descubrirse cuando la cancha corea los temas aprendidos de memoria. Ovaciona a la banda y le entrega con pasión su amor. Ambos músicos, en sendas entrevistas exclusivas con La Nación (ver suplemento de Espectáculos) habían confesado por separado la fascinación que también a ellos les produce el público argentino. "Uno de los mejores del mundo", aseguraron ambos.

 

El ritual del encuentro

El amor que, entonces, va y viene, tiene sus ritos. Cantitos que muchos saborearon en silencio, desde 1995, explotan nuevamente. Cada uno sabe su papel:el del público, alentar; el de los músicos, dar lo mejor.

Y lo mejor tiene nombre de clásico. "Let's Spend the Night Together", al que le sigue uno de recientísima cosecha, "Flip the Switch", el tema que abre el último disco, "Bridges to Babylon". Pero enseguida volvemos a los viejos rockanroles, que esto es una fiesta, un show completo y no la simple presentación de un álbum. Y así se suceden "Gimme Shelter", "Start Me Up"y "Sympathy for the Devil".

Allí está, marcando el tiempo desde su batería, Charlie Watts. El baterista, tan serio él, se ha ganado también un lugar de admiración.

Todavía quedaba por ver hacia dónde llevaba ese puente que de pronto se alzó para trasladar a los músicos a un escenario pequeño, casi en medio de la audiencia, desde donde eligen descargar un set en el que brilla la voz de Keith Richards.

Antes había descargado su set de rock callejero y barrial el grupo Viejas Locas. A partir de las 19.30, y por media hora, la banda llegó desde Lugano para tocar varios de sus hits. No estuvo sola. Muchos de sus fieles seguidores aparecieron en las tribunas con banderas y muchos aplausos para el primero de los teloneros.

Mientras tanto, el público seguía entrando al estadio, recorría los puestos de merchandising y se preparaba para la ceremonia de encuentro con los Stones.

Un poco después fue el turno de la cantante norteamericana Meredith Brooks, que demostró sus virtudes de compositora, cantante y guitarrista, pero apenas cosechó indiferencia con su actuación.

 

La vigilia, entre santos y provocadores

Hay ansiedad entre los que empezaron a hacer la cola a las 8 del domingo. Pero no es nueva. La gran mayoría ya sabe qué se siente al ver a los Stones. Como hace tres años sucedió con en el "Voodoo Lounge Tour", la gira que trajo a los Rolling Stones por primera vez a América latina, ayer también en la fila miles de remeras -algunas nuevitas, otras más lavadas por el tiempo- se lamían unas con otras por el logo de la lengua roja, diseñado en los 80 por Andy Warhol.

Mientras el sol todavía pegaba alto, algunos juntaban moneda por moneda para poder llegar a conseguir la entrada para el primer recital. Otros que ya la tenían protestaban porque, a último momento, se arregló una función especial, el 4 de abril, con nada menos que Bob Dylan como invitado. "¿Quién se iba a imaginar una cosa así?", repetía para calmarse un chico de Vicente López.

Otros se deshicieron de algunos CD para poder comprar tantas entradas como recitales dieran los mitos vivientes del rock. "No me quiero perder una. Por eso ya le dije a mis viejos que no me voy de viaje de egresados", declaró Lucas, de 18, quien con sus amigos de la "Banda del Oeste" fueron los primeros en ocupar el corralito de madera que se armó pegado al estadio para los que tienen ubicaciones en la popular y el campo.

De repente, el corralito de maderase empieza a agitar al ritmo de "...los Stoooones, vamos los Stoooones....". Y sube el volumen, y la furia también, cuando la policía pasa con sus patrulleros para controlar. Es que nadie se olvida, hace tres años, cuando un chico murió desangrado por el tajo de una botella cuando otro fan le quiso robar su entrada. La mayoría menciona ese episodio en la fila. Pero hay calma. Hasta los encargados del control se muestran algo relajados.

 

Con y sin arrugas

En la fila hacia el estadio hay lugar también para algunas arrugas. "Yo estoy antes que todos estos chicos. Escucho a los Stones desde los 17. Es mi banda", dice Víctor Soldati, un techista de Grand Bourg. Pero su pasión no le impide compartir ídolos con su hijo, Darío, de 17. "Lo traje para que los reconozca porque él los escucha desde que nació". Y el hijo lo mira sin decir más que "sí". Más adelante se escucha: "Dice que va a bailar hasta los 60". La chica no se refiere, precisamente, a declaraciones de Mick Jagger (que pisa los 54) sino a su papá. El es un año mayor que Jagger y tan fan como su hija. "Tengo unos LP de los Rollings que todavía suenan. Pero también me gusta D'Arienzo, y eso los amigos de mi edad que gustan del tango no me lo entienden."

Los avisos que promocionan la gira más extensa de los Rolling Stones, "Bridges to Babylon" (Puentes a Babilonia) alertan que ésta será la último oportunidad para verlos vivitos y coleando por el escenario. Pero para el público, aunque los cuatro que hoy viven sumen 214 años de edad, todavía tienen cuerda para rato.

Ya en los 80, la prensa los calificó de "viejitos", cuando editaron el disco "Emotional rescue" y no habían cumplido los 40. "¿Qué? Mi viejo tiene 40 y ya está pelado y arruinado. Jagger es una maza", apunta otro de la Banda del Oeste.

Todos conocen ya la "simpatía por el demonio" y la provocación que tienen los Stones y que han llevado a varios de sus temas más clásicos.

Pero ni la próxima llegada de quien le cantó hasta al Papa, Dylan, logra calmar las ideas de algunos que consideran a la banda virtuales amenazas para la existencia. Nadie entiende cuando entre la multitud una mano aparece y entrega unos papelitos que dicen "Satanás, nuestro enemigo supremo". El papel explica que, "según el apocalipsis del Nuevo Testamento, Dios llama a su pueblo a salir de Babilonia para que no seáis partícipes de sus pecados...Vos no necesitás un puente a Babilonia (título en español del último disco de los Stones), sino el puente a Dios".

Vanesa, de 19, se ríe y menciona el tema "Santo de mí" (Saint of me), del último disco: "En la canción el chabón es cualquiera. Dice que nunca van a hacer un santo de él, y nombra a Juan Bautista, al que le gustaban las mujeres, el vino y la comida. 'Y el dijo sí, y yo dije sí. Por eso de mí nunca van a hacer un santo'". Su amiga dice que siente piel de gallina al escuchar esas palabras. "Aclaro que de sexo, drogas y rock and roll, a mí sólo me da por el rock. Pero está todo bien". A su lado, un nostálgico recuerda: "Nosotros no pudimos conocer a los Stones que quemaban escenarios y eran pura polenta. Antes eran más sexuales. Ahora, los shows son muy tecnológicos y hasta pintorescos, diría. Pero igual los quiero y los vengo a ver".

 

Radio y TV

Esta noche, entre las 22 y las 24, Telefé transmitirá en directo la segunda presentación en Buenos Aires de los Rolling Stones. También desde el estadio de River habrá una emisión especial de la radio Rock & Pop (FM 95.9), desde la cual también se podrá escuchar el recital en vivo, con la conducción de Mariscal Romero, Tuqui, Matías Martin, Bobby Flores y Diego Angeli.

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