Reportajes...   > Keith Richards > Voodoo Lounge 1995   


Home

E-mail

Noticias STONES

OLE Tour
2016


 

ZIP CODE
Tour

ZIP CODE TOUR

 

-l4 ON FIRE
 Tour

 

Tour 50 &
Counting...

50 & Counting...

A Bigger
Bang Tour
2005/06/07

A Bigger Bang Tour

Licks Tour
Tours
Datos
Frases
Imágenes
Links
Voodoo Lounge Bar
Exposición
STONES


Visita la expo de
FERNANDO ACEVES
Encuestas
Agradecimientos
Información
Ir al CH@T

"LOS VOY A EXTRAÑAR, MUCHACHOS.."

Diario Clarin
18-02-1995
Espectáculos
Por Guillermo Alerand

"I’m gonna miss you, guys", dijo Keith Richards con voz áspera y sentimental a la multitud cegadora que coreaba su apellido como un mantra. Mick Jagger le había cedido el centro de la escena tras presentarlo como the honky tonk man (el tipo callejero, o algo así). Y allí, en la noche de River, solo frente al micrófono, el nombre que lleva marcados en cuerpos y guitarra la agitada epopeya de la pasión rockera, el icono viviente más perfecto del rock ‘n’ roll way of life, se tornó de pronto un trémulo hombrecito en manos de esa confesión: los voy a extrañar, muchachos, dijo, y agregó en espontáneo castellano: "En serio".

Era lo que todo el mundo quería oír. Y sin embargo pocos lo escucharon entre el deslumbrante artificio de sonidos, fuegos, luces, humo y efectos de video que durante cinco noches convirtieron a River en una producción de Spielberg con resabios de Blade Runner, marquesinas de Las Vegas y decorados de Disneylandia. Pero fue, tal vez por eso, la única expresión sincera y fuera de programa que, por boca de Keith Richards dejaron escapar los Rolling Stones sobre su paso por estas tierras. La única señal no calculada por una estrategia de marketing que había diseñado para Jagger frases como "son un público magnifico" o la previsible "¡Qué potra!" toda vez que la pantalla enfocaba a alguna bella dama criolla.

Todos soñamos en secreto con ser los mejores del mundo.

Más precisamente, anhelamos el reconocimiento de nuestros ídolos, de nuestros modelos; queremos que Passarella nos convoque a la Selección, que Claudia Schiffer nos guiñe un ojo, que Luis Miguel pregunte quién es la morocha de la fila dos, que Bioy Casares pondere nuestros manuscritos. Y también buscamos ser el mejor público, el más entendedor, el más auténtico. En este sentido, el romance de los argentinos con los Rolling Stones, consumado en estas cinco noches, pareciera tener menos que ver con los Rolling Stones –asi, desnudos, en estado puro- que con la propia historia de fidelidad hacia una música que tiene a Sus Satánicas Majestades como dignatarios máximos.

Cuando el rock, a caballo de una estética musical, estalló en todo el planeta como renovada visión de la cultura, los Rolling Stones estaban lejos de insinuarse como leyenda. Eso fue hace más de treinta años en el hemisferio norte, bajo una lengua también emblemática, la lengua inglesa, y el reinado absoluto de Los Beatles. Ya entonces, por muy numerosas y diferentes razones, la fiebre hizo nido en dos rincones del sur de América, y México y la Argentina fueron generando una producción tan caudalosa que derivó en sendas escuelas estilísticas que hicieron del rock en castellano un movimiento cuya riqueza no registra antecedentes.

Tres generaciones de oscuros hispanos fueron transmitiéndose ese legado, hasta convertirse en un mercado de consumo que finalmente las multinacionales "descubrieron. Las estrellas se animaron entonces a bajar al trasero del mundo, incentivados por los elogiosos comentarios de los primeros exploradores. Y llegó Sting, y Tina Turner, y The Cure, y Eric Clapton, y Prince. Y varios cayeron fascinados y se hicieron habitués: Joe Cocker, Los Ramones, Iggy Pop, B.B.King, Robert Fripp, los Guns N’Roses. Y la agenda se colmó con Madonna, Michael Jackson y el mismísimo Paul McCartney.

La Argentina fue logrando así un lugar de consideración entre las capitales del rock. Este país extraño y remoto, de idioma castellano y hábitos semieuropeos había vivido al compás del sueño eléctrico que supo conmocionar al mundo.

Solo faltaba el reconocimiento explícito, la bendición de algún sumo pontífice, el certificado de graduación.

En verdad, no hubo tres generaciones esperando más de treinta años para vea a los Rolling Stones. Hubo tres décadas de amor desaforado por el misterio insondable de una música, un amor de carne y hueso decidido a no rendirse sin un mano a mano con lo que los Stones encarnan: la suprema deidad de un rock eternamente callejero e inoxidable.

No parece casual que el momento de la consagración haya coincidido con el de la despedida. Todos estamos un poco más grandes desde que Keith Richards confesó que nos iba a extrañar. Nosotros también lo extrañaremos.

En serio.

Historia | Discografía 
Letras en ingles | Letras en español
Reportaje, notas  | Te recomendamos
Mick Jagger  | Charlie Watts & Ron Wood  | Keith Richards
Keith Richards 1992  | Voodoo Lounge 1995  | Bridge to Babylon 1998
  | Bigger Bang Tour 2006 |
Midnight Rambler
rollingmania.com | stonesmania.com.ar | rollingmania.com.ar
Buenos Aires, Argentina
"Capital Stones Mundial"
marcelo@rollingmania.com
Resolución 800x600 pixels - Internet Explorer